MUJER CALLADA Y ASUSTADA

MUJER CALLADA Y ASUSTADA

Por Mercedes Sánchez
Coach Individual y de Equipos

La solución siempre viene con el problema, la estrategia está en poder salir aunque sea por un instante del problema.

Mayo 12

Un 12 de Mayo descubrió la esencia de la palabra “basta”, pese a los años y el silencio, el no entender muchos por qué y tras aceptar con resignación lo que creía era normal, una noche simplemente su cuerpo estalló y pese a los golpes y el dolor de su piel, en el fondo estaba inmersa en un mundo nuevo para ella, su primera decisión leal hacia sí misma y justa para su vida, había puesto fin a su sumisión de mujer.

Esa noche tras poco dormir y mucho pensar, no le quedaba más remedio que levantarse de la cama y empezar una nueva jornada intentando creer que nada había pasado el día anterior por el bien de sus hijos.

A medida que caminaba para ir al baño, en cada paso y movimiento, cada parte del cuerpo protestaba sin pudor y exigía la presencia del dolor acostumbrado pero silencioso y una vez más aceptado aunque no con la misma intensidad, esta vez en el fondo sabía que los colores nuevos de su cuerpo no eran algo normal y la ropa guardada para estas ocasiones no era el típico vestuario de esa persona que ella perseguía en su interior.

Las excusas guardadas en sus bolsillos y listas para sacar ante cualquier comentario o mirada, ese 12 de mayo, no eran razonables ni para ella misma, ilógicas excusas hacia algo que todos ya sabían y también disimulaban.

Habían dos caminos a elegir, regresar a la cama y así protegerse del mundo, silenciosa y triste o levantarse inventando historias, como decir buenos días con una sonrisa y disfrazar el horror que llevaba en su interior.
La fortaleza era creer que con un día normal, sus hijos no verían aquella mala situación de adultos y no harían preguntas del por qué su padre dormía en el sofá y ellos habían tenido que cambiarse a media noche de habitación.

Era increíble como la madre se anteponía a la mujer y pese al dolor de sus huesos se acostaba al lado de sus hijos para preguntarles cuál había sido el mejor momento de su día y adentrarse en sus aventuras infantiles mientras que en su rostro una que otra lágrima se escapaba entremezclando pena y dolor.

El único objetivo esa noche era expresarle a sus hijos cuanto los quería y en medio de una rebuscada bolsa de palabras, escoger aquellas que cerraran con delicadez y olvido, las buenas noches del 12 de Mayo.

No permitiría que sus hijos se fueran a la cama sin antes decirles que a una madre y a cualquier mujer no se les debe hablar mal, gritar o tratar de forma incorrecta. Con voz tenue, débil por el dolor pero con algo de firmeza y en intimidad, creía que era suficiente lección para una nueva generación de hombres.

Pero en el fondo había una pregunta y era descubrir que tanto sabían los niños acerca de la cruda realidad y si había sido capaz de ocultarla o por el contrario eran ellos los grandes magos, capaces de vender magia en medio de una noche de horror. ¿Quién protegía a quién?.

El truco de una madre ante este panorama es mantener ocupada y pese a que se había prometido que todo cambiaría, lo cierto es que la rutina de aquel nuevo día no tenía nada de extraño y nuevo. Desayunos, limpiar la casa, lavar los platos, acercarse a la ropa y empezar a doblar prenda por prenda…lo único extraño es que todo parecía ir más lento y cuando las imágenes o el dolor en brazos y piernas hacían acto de presencia, con tristeza murmuraba una que otra palabra, susurraba canciones nostálgicas y evocaba pensamientos de infancia urgentes, que fueran la excusa perfecta para justificar el por qué soportaba todo esto.

El espejo, era un amigo y enemigo al que se asomaba una que otra vez sólo para ver como iban apareciendo lentamente los colores en su piel, y así, descubrir exactamente el por qué dolían más la piel que el alma.

De vez en cuando, necesitaba ese lugar lejos de los demás que le permitieran refugiar su silencio y dolor, y dejarle en secreto fluir las lágrimas, que por cierto, se negaba insistentemente a dejar salir, ya que creía en el fondo que eran innecesarias e injustas porque seguía convencida de que todo era culpa suya.

En silencio se podría llorar hasta sentir dolor en el pecho y ahogo, no sin antes taparse la boca para que nadie escuchara como el alma gritaba de dolor. Tras secarse las lágrimas, lo cierto es que poco a poco se daba cuenta de que el día transcurría y la ropa que había empacado en la maleta de cualquier manera se quedaba entreabierta en un rincón de la habitación tras la discusión y sin darse cuenta, también empezaba a ocupar su lugar en el armario lentamente.

De vez en cuando en el transcurso de las horas, se asomaba de nuevo al desorden de su equipaje para escoger alguna camisa y colgarla de nuevo en el perchero, prometiéndose en susurros que esto tendría que acabarse.

Necesitaba fuerzas antes ver de nuevo la cara de la persona a la que no sabía exactamente como dirigirse tras lo sucedido el día anterior. Fue entonces, cuando escuchó como llamaba a los niños, que de inmediato salieron corriendo para luego aparecer cada uno con un ramo de flores. Unas rojas y otras blancas y tras un gran abrazo, surgió la frase «feliz día de la madre». Detrás estaba él con su cámara en busca de tiernas imágenes que ayudaran a inmortalizar ese maravilloso día.

La madre que quiere proteger a sus hijos en un entorno familiar donde la violencia de género esta presente, aún requiere ser consciente de que aunque los pequeños presencien o escuchen situaciones violentas a nivel psicológico o físico entre sus padres, por más que se crea que se protegen con amor, siempre habrá consecuencias.

La familia es el agente socializador más importante que tiene el niño y por ello y pese a ser un tema complejo y de mucho cuidado al tratar, creo importante resaltar, que los niños que crecen en hogares violentos, interiorizan y mimetizan una serie de valores y de creencias negativas, entre los que se encuentran las desigualdades entre hombre y mujer, las relaciones con los demás, las emociones del miedo, el estrés o la depresión. Aunque muchas de las madres insisten en creer que con su silencio, amor, disimulo o mensajes como «no se debe hacer» «no lo vayas a hacer tu,» ya los han protegido, lo cierto es que, los niños tras vivir su propia experiencia, creen y asumen el uso de la violencia como un medio para resolver sus conflictos ante los demás y ante sí mismos.

Cartas para los que siguen ahí, son reflexiones e historias de personas que siguen buscando respuesta a sus miedos, problemas o dificultades. Es una puerta aún cerrada, pero que una vez se abra, ellos descubrirán que somos muchos los que estamos aquí con ganas de acompañarlos, en caso de que decidan salir.

Que la risa no le gane a la sonrisa

Mercedes Sánchez
Community Manager &
Coach Individual y de Equipos