Las personas seguimos gastando un tercio de nuestra vida en nuestro trabajo, un tiempo en el que también es importante aprender a generar espacios para crear, sentir, creer, experimentar, renovarnos, hacer e innovar sin perder en el camino la naturalidad y la diversión.
Uno de los mensajes que me ha impactado leer, ha sido el que dejó escrito en VeloNews, la deportista Kelly Catlin. En sus últimas reflexiones evocó la importancia de aprender a parar, reconocer los límites y pedir ayuda si realmente se quiere llegar a una meta.
El Mindfulness se ha convertido en uno de los programas clave contra el estrés laboral, la epidemia que perjudica la salud mental y física de los trabajadores, así como a la producción de las empresas y organizaciones de hoy.
Las ventajas que trae enero es que venimos de una época donde la alegría, las celebraciones entre la familia y los amigos, nos han generado esas ganas de ilusionarnos, emprender, arriesgarnos por hacer cosas nuevas y alcanzar propósitos que como único fin, buscan que seamos y estemos mejor.
Cuando se acaban las fiestas y los encuentros quizás más entrañables del año, es cuando surge un gran nivel de optimismo y esas intenciones de hacer cambios o marcar nuevos objetivos. Queremos que nos ocurran cosas nuevas e importantes.
La sociedad de hoy tiene la urgente necesidad de buscar personas proactivas, con capacidad de razonar, sonreír, dialogar y transmitir en su conversación sosiego. Queremos ser y encontrar en nuestro camino gente que actúe con calma, que optimice y disfrute de su tiempo y de la vida.
La palabra gracias, genera un vínculo entre las personas ya que no solo surge con la única intención de que llegue al otro, sino que es una importante señal de respeto y valor. Es una manera de ser consciente que se tienen limitaciones y que se necesita de la ayuda de los demás para cambiar las cosas y lograr hacerlas.