15 Feb LA INFLUENCIA DE LOS PADRES A HIJOS EN EL USO DE LAS REDES SOCIALES
Por Mercedes Sánchez
Coach Individual y de Equipos
Hace poco escribí de la generación “casi”, aquella que le dio la bienvenida por primera vez a la abrumadora cantidad de herramientas e información disponible a través de las redes sociales y que a golpes tuvo que aprender a manejarla y acostumbrarse a su posicionamiento en la sociedad.
Ahora me gustaría hablar de sus hijos, niños y adolescentes que se han convertido en nativos digitales y que hacen parte de la primera generación que ha vivido desde su nacimiento en una sociedad cien por ciento tecnológica. Una descendencia, que ha visto como sus padres duermen y se despiertan con el móvil en la mano, como los más pequeños son entretenidos con tablets, Ipads y dispositivos móviles o los profesores se comunican y piden trabajos a través de ordenadores.
Hablo de un gran número de hogares, donde no falta un ordenador, una tablet, un móvil y un televisor con canales por cable o colegios donde un gran número de jóvenes aprende a comunicarse, investigar y hacer tareas a través de dispositivos electrónicos.
Pues bien, si a esta generación le agregamos unos padres que se encuentran entre dos educaciones, las tradicionales y las tecnológicas, estas últimas obtenidas en su mayoría en una educación autodidacta, nos da como resultado, una formación generacional de montaña rusa.
Antes de que nos asustemos, es importante destacar, que sobre cualquier tipo de transformación social o tecnológica, hay algo que no ha cambiado mucho y es la influencia que los padres seguimos teniendo sobre nuestros hijos.
Déjenme decirles con vulnerabilidad, que una vez más somos los “casi” porque esta vez, nos enfrentamos a nuevas facetas de la adolescencia de nuestros hijos, no sólo porque a sus manos llega la tecnología a muy temprana edad, sino porque más que vigilar horarios o juegos de comba, rayuela o escondite, lo que debemos es enfrentarnos a una revolución hormonal y una necesidad importante de establecer una identidad propia frente a los amigos pero no en las calles del barrio, sino en las redes sociales.
La mayoría de nuestros hijos necesitan ser populares más por el número de likes, seguidores y vídeos en directo «guays» que por ganar un parchis o jugar al Monopoli. Y es que, esta generación nativa digital, ha convertido la comunidad de internet en su espacio para relacionarse con sus amigos de tú a tú.
Analizar sus redes es para muchos de nosotros, entrar al mundo de lo ilógico, nos costará entender porque para quedar a una hora o en un lugar, nuestros hijos deben crear un grupo en WhatssAp o porqué para hablar de fútbol, chicos o chicas, las mismas personas del grupo de “Kdadas” ha de formar parte en el grupo de … ,y así, hasta tener cinco, seis o más grupos al mismo tiempo y con la misma gente.
Algunos padres tampoco entendemos, porque no nos contestan muchas veces a las llamadas, pero en segundos nos envían textos dando respuesta o preguntándonos que necesitamos, y es que, para muchos de ellos llamar es algo extraño y fuera de moda.
Y si le sumamos el lenguaje indescifrable con el que escriben, cuando en nuestra generación nos obligaban a poner h, tíldes o puntos y comas, ya me diréis el día que escribamos hijos y padres el mismo texto, cuántas diferencias llegaremos a descubrir.
La adolescencia en cualquier generación ya en sí, siempre ha sido una etapa difícil de vivir. Los granos, la estatura, los amigos, los primeros enamoramientos, el ser bueno en algo, destacar y el enfriamiento de los lazos con los padres. Todo un proceso complicado, que en nuestros hijos puede serlo más, porque a su lado, hay una generación de padres que entremezclan la educación del antes y después de las redes, cometiendo errores constantemente más por inexperiencia que por falta de amor o de interés.
No es cuestión de cambiar la hora del reloj, para justificar que han llegado tarde sino ocultar los chats, mostrar aplicaciones a medias y no vincular a los padres en sus redes, pertenecer a un grupo virtual, seguir un youtuber, intercambiar información, discutirse a través de escritos o publicar fotos que pueden o no, ser comprometedoras.
En este punto, desafortunadamente, los padres nos confundimos y queremos ejercer la educación de libertad, confianza y respeto a la intimidad que en cierto modo recibimos a su misma edad. Desgraciadamente, no es completamente lo mismo, recordad que el espacio en que nosotros actuamos y la información que nosotros tuvimos fue muy limitada en comparación a la que nuestros hijos reciben hoy.
No se trata de pasar desapercibido el tema por falta de conocimiento en el uso de las redes. Tampoco se trata de espiar, secuestrar los teléfonos y tablets, leer los mensajes a escondidas o pelearse con las redes para aprender a usar los recovecos de Instagram o de WhatssAp.
Se trata de acordar horarios, pactar unas pautas de uso con control y a su vez progresivas, acordar limitaciones en el tiempo de acceso, convertirnos en sus seguidores y permitir el empleo espacios comunes de casa para que accedan al uso de sus dispositivos como un hecho absolutamente normal y que facilite la vista de los adultos y el desarrollo de la confianza.
Acceder a estos recursos, también nos permitirá crear un espacio de diálogo con nuestros hijos, interesarnos en lo que hacen en sus redes, y tener a su vez, la oportunidad de familiarizarnos y conocer tendencias, influencers, o lo mejor, que se conviertan en algún instante en nuestros maestros y nos enseñen las nuevas aplicaciones que a sus manos llegan.
En nuestra generación y como padres, la vulnerabilidad está más que permitida y más cuando estamos en medio de dos educaciones y aún, necesitamos seguir aprendiendo. Reconocerlo, no nos hace ni ignorantes ni débiles, sino personas capaces de afrontar y enfrentar el cambio que la tecnología nos trajo y ha hecho de nuestros hijos, la primera generación nativa.
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