01 Sep LA IMPORTANCIA DE PARAR LA MENTE ERRANTE
Por Mercedes Sánchez
Coach Individual y de Equipos
La sociedad de hoy tiene la urgente necesidad de buscar personas proactivas, con capacidad de razonar, sonreír, dialogar y transmitir en su conversación sosiego. Queremos ser y encontrar en nuestro camino gente que actúe con calma, que optimice y disfrute de su tiempo y de la vida.
Conectar mente, cuerpo y emociones es un camino sólido para que nuestra vida se aleje del desequilibrio y tenga un sentido y un propósito. Hacer que las tres cooperen y trabajen juntas, es la clave para dirigir nuestra vida a un estado de bienestar.
Somos muchos los que nos dejamos seducir por el mundo de los “tengo que” o mantenemos la mente ocupada, dándole vueltas a todo y con pensamientos incesantes de preocupación sobre cosas que ni siquiera han ocurrido, de las que tenemos miedo. Vivimos emociones como el enfado o la tristeza frente a cosas que nos precipitamos a anticipar y no son aún realidad.
Estos pensamientos conducen a que nuestra mente este secuestrada por un estado de ansiedad y estrés que nos empuja no solo a estar agotados, sino creer que es absolutamente normal mantener así.
También somos muchos los que hacemos parte de los aficionados a la “prontomanía”, esa sensación que nos hace vivir, actuar y reaccionar deprisa, nos sentirnos acelerados y con ansias para llegar a todo desde el minuto cero.
Recuerdo uno de mis ejercicios favoritos de Mindfulness, donde se trataba de caminar deprisa, lo más acelerado posible mientras a nuestro alrededor, otras personas hacían la misma acción. Entonces, tuve la sensación de que a mi alrededor había un nivel de ansiedad y desespero a flor de piel y uno que otro, en un estado de mal humor. De repente, se pidió al grupo que caminara lenta y relajadamente, se evocó a la tranquilidad y posteriormente sin perder esa atención interior, se invitó a que se continuara caminando deprisa pero esta vez, conservando la sensación de paz interior.
Con este ejercicio pude reconocer que ir deprisa, no es precisamente sinónimo de preocupación, estrés o ansiedad.
Es muy fácil acostumbrarse a vivir aceleradamente y sobretodo, martirizar la mente hasta llevarla a no parar de rumiar. Lo cierto, es que mientras la mente no viva en serenidad, es más fácil que el estrés aumente y nuestra actitud frente a lo que ocurre sea reactiva, hace que no escuchemos, nos mantengamos distraídos y sin quererlo, hagamos una mala gestión del tiempo, generando un desequilibrio tanto a nivel personal como profesional.
EL CUERPO SIEMPRE ESCUCHA LO QUE LA MENTE DICE
La sociedad de hoy tiene la urgente necesidad de buscar personas proactivas, con capacidad de razonar, sonreír, dialogar y transmitir en su conversación sosiego. Queremos ser y encontrar en nuestro camino gente que actúe con calma, que optimice y disfrute de su tiempo y de la vida.
Para tener unidas y fortalecidas la mente, las emociones y el cuerpo, es importante priorizar lo que realmente es importante y lo que no lo es en nuestros vínculos con la familia, el trabajo, la vida social, las finanzas y nuestro cuerpo.
Mantener la mente, el cuerpo y las emociones juntas, nos ayuda no solamente a actuar coherentemente, sino que nos permite centrarnos y tomar acciones relevantes que consolidan nuestra relación con nosotros mismos y con nuestro entorno.
Una de las opciones para dar a la mente un descanso, es acudir a técnicas o programas que nos permitan relajarnos y activar la atención selectiva. A través de programas como Mindfulness, el cerebro se puede entrenar para priorizar la necesidad que tiene la persona en ese momento y le permite filtrar la información relevante e inhibir la información no relevante en función de las motivaciones y las intenciones que tenga.
El deporte, actividades como meditación, pilates, yoga o simplemente una caminata o encuentro de amigos, son algunas de las actividades para las que siempre debe haber un hueco.
Dedicar al menos 30 minutos al día en una actividad de ocio y deporte, no solo nos favorece en nuestra memoria y aprendizaje, también reduce el estrés, la ansiedad y aumenta nuestra autoestima y estado de ánimo.
Las relaciones interpersonales son clave para un mejor funcionamiento del cerebro y un elemento indispensable para evitar que las personas decaigan en su confianza, estado de ánimo o autoestima.
Disfrutar de la familia y los amigos por poco que se tenga esa oportunidad, no solo servirá para aprender a desenvolvernos frente a los demás, sino que nos permite desarrollar una mejor relación con los compañeros de trabajo y con los diferentes grupos en los que hacemos parte.
Desde el momento en que nos levantamos es importante esbozar una leve sonrisa, mantener presentes en el aquí y el ahora y evitar anticiparnos a lo que pueda darnos el futuro.
Disfrutar de los pequeños o sencillos momentos que a nosotros llegan en el presente, son espacios que fomentan una sana autoestima, entrenan a nuestra atención y fortalecen nuestra salud, sociabilidad, rendimiento y lo más importante, nos permiten ahondar en nuestra felicidad.
Porque la felicidad es también dejar ir lo que no vale la pena sentir
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Mercedes Sánchez
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