01 Dic LA VARIEDAD DE GAFAS DE COLORES QUE UN OPTIMISTA PUEDE USAR
Por Mercedes Sánchez
Coach Individual y de Equipos
Cuando se acaban las fiestas y los encuentros quizás más entrañables del año, es cuando surge un gran nivel de optimismo y esas intenciones de hacer cambios o marcar nuevos objetivos. Queremos que nos ocurran cosas nuevas e importantes.
Curiosamente el acomodamiento o miedo, son las emociones que menos emergen y en cambio, el protagonismo se lo lleva el optimismo, la fuerza de voluntad y la ilusión por alcanzar todo aquello que se quiere lograr de cara a un nuevo año y más cuando sabemos que alrededor, encontraremos a muchas personas alegres y positivas que como nosotros, quieren movilizarse para crecer.
Surge un optimismo que permite ver la vida con diversos matices entre los que cabe destacar el aprendizaje y la superación ante las adversidades o las dificultades que la vida en su recorrido deja. Alimentar a la mente y al cuerpo con metas y nuevos propósitos viables, hace que el optimismo se convierta en una fuerza permanente.
Se trata de escoger las gafas con las que se quiere ver
Una de las fórmulas que trae el optimismo es esa capacidad de poder ponernos diferentes tipos de gafas para mirar más allá de lo que ocurre día a día. Por ejemplo, descubrir que detrás de las adversidades, encontraremos algo que nos servirá para avanzar.
También podemos ponernos esas gafas que hacen que el cansancio o la rutina no impidan ver los simples e impactantes momentos y cosas que hay a nuestro alrededor. Un amanecer mientras se camina hacia el tren o disfrutar por un minuto del aroma de café antes de empezar el día. Lo importante, es tener esa oportunidad de levantar la cabeza y abrir los ojos a ese aquí y ahora lleno de novedades y momentos únicos que nos hacen sentir y ser simplemente felices por un instante.
Las gafas del valorar y agradecer son aquellas que menos solemos usar ya que son muchas las ocasiones en que nos obsesionamos y nos lamentamos por las cosas que no tenemos y desafortunadamente, dejamos de lado la capacidad de disfrutar y valorar lo que sí tenemos en nuestras manos y a nuestro lado.
Cuando tenemos la disposición de ver lo que a nosotros llega, podemos apreciar las alternativas y capacidades que hay dentro y alrededor de nosotros y que aunque quizá algunas veces materialmente no sean abundantes, son suficientes para disfrutar de las cosas sencillas que da la vida.
Con estas gafas valoramos y agradecemos a la familia, los amigos, los momentos junto a los que queremos y los instantes en que sentimos que lo simple es maravilloso y grande.
Otro significativo instante que trae el optimismo es la repartición y captación de sonrisas. Se trata de traspasar la tensión y seriedad que muchas veces generan las responsabilidades diarias para dar paso a mantener conscientemente esa leve sonrisa y ofrecer al que se mira con honestidad ese sentimiento que se desprende tras sonreír y a su vez, recibirlo cuando a nosotros llega.
Nadie duda de que cada nuevo día es la puerta abierta para subirse a una montaña rusa donde la vulnerabilidad, fragilidad o dificultades y miedos tienen cabida. Sin embargo, en ese vaivén que nos sube y nos baja, también hay un hueco para pensar con ilusión, creer en la fuerza interior para levantarse y perseverar o simplemente aprender a aceptar, superar y dejar ir las circunstancias que a nosotros llegan.
En Mindfulness recuerdo cuando la etapa en que empezamos a entender que un gran número de malos momentos eran causa de la predisposición a sufrir por cosas que aún no habían ocurrido y simplemente estábamos creando en nuestro pensamiento o por el contrario, ya habían pasado pero nada ganábamos con evocarlas y crear malestar entorno a ellas en el presente.
Frente a estos pensamientos negativos, el optimismo hace comprender que lo importante no es lo que creemos va a ocurrir o ya ha ocurrido sino por el contrario, es lo que nosotros hacemos cuando las cosas ocurren. Si algo de lo que sucede no funciona, lamentarnos es la última opción ya que siempre seremos capaces de acudir a los recursos suficientes para valorar que se puede hacer algo para mejorarlo.
Se trata de llenar los bolsillos de buenos momentos, de valores aprendidos en el camino y de mensajes o instantes vividos junto a personas que en alguna parte del trayecto de la vida estuvieron presentes y nos dieron en ese instante, algo importante para acompañarnos y sernos útil cuando tengamos que mantener de pie, levantarnos tras las caídas o movilizarnos para vivir mejor.
Es cierto, que el pasado visto con las gafas del aprendizaje y la humildad sumado a las gafas de la gratitud, la sonrisa y la creencia en nuestra capacidad de superación, nos permite encontrar la fuerza para crear el presente que merecemos. Parar por un momento, pensar y elegir lo que queremos lograr o cómo queremos vivir la vida, es evocar a la fuerza de voluntad y al optimismo para prepararnos con ilusión y alcanzar nuestros objetivos, mejorar como personas y sobretodo, quedarnos con lo bueno de la vida.
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Mercedes Sánchez
Community Manager &
Coach Individual y de Equipos
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