15 Mar SE ADMITE PEDIR AYUDA, PARAR Y RECONOCER NUESTROS LÍMITES
Por Mercedes Sánchez
Coach Individual y de Equipos
Uno de los mensajes que me ha impactado leer, ha sido el que dejó escrito en VeloNews, la deportista Kelly Catlin. En sus últimas reflexiones evocó la importancia de aprender a parar, reconocer los límites y pedir ayuda si realmente se quiere llegar a una meta.
Kelly Catlin era una estudiante de Ingeniería Informática en la Universidad de Stanford y una reconocida ciclista a nivel mundial. A sus 23 años, se proclamó tres veces campeona mundial de ciclismo de persecución y también se alzó con la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Río 2016. Hace algunas semanas, alcanzó junto a su equipo la segunda plaza de la Copa del Mundo de Berlín, el primer y último podio de 2019 y desde el que reconoció que antes de disfrutar de un triunfo, el sentimiento de fracaso fue el que venció a su emoción de ganadora.
Con la medalla de su segundo puesto en Berlín y mientras el público aplaudía, las banderas ondeaban, la adrenalina y la alegría se entremezclaban, detrás había un entrenador esperando la ocasión para informarle a Kelly que después de este importante triunfo, le esperaba la repetición de su examen final de tres horas sobre análisis estadístico. En ese instante, ganó la frustración y la necesidad de reconocer que por mucho esfuerzo y entrega que se ponga a todo lo que se hace, no siempre todo puede llegar a funcionar bien.
No pude evitar trasladar su mensaje a mi realidad y de inmediato recordé que la noche anterior, mi hijo estaba compartiendo la noticia de que había ganado un examen con una nota para él bastante alta y a la que dedicó un gran esfuerzo. Uno de esos momentos que merecía de celebración y exclusividad. Sin embargo, pese al enhorabuena, una de las primeras frases que surgió fue ¿Y qué tal matemáticas, también te ha ido bien? Inmediatamente la cara le cambió, nuestro hijo quizá sólo quería celebrar que tenía en sus manos un logro importante, sin dejar de ser consciente de que el otro reto aún estaba en proceso de cumplirse y fue entonces cuando reconocí la presión que podemos llegar a generar por aquello que no se ha producido y lo poco que nos detenemos a celebrar las cosas que si se han logrado.
Que difícil se nos hace algunas veces aprender a parar y disfrutar lo que hemos alcanzado y cómo podemos llegar a presionarnos para no decepcionar, no mostrarnos débiles y buscar incesantemente que nuestro entorno se sienta orgulloso de nuestro trabajo, sin permitirnos muchas veces sentir las sensaciones que se generan al lograr cosas tras enfrentarnos a las grandes y pequeñas batallas del día a día.
Antes de quitarse la vida, Kelly en su carta publicada en VeloNews señaló que aprendió a desglosar las horas y los días para llegar a todo sin que faltase en sus compromisos el cien por ciento de dedicación, la máxima disciplina y la mejor organización posible. Sin embargo, en su recorrido reconoció que le faltó aplicar tres de las virtudes más importantes en un triunfador: reconocer sus propias debilidades o límites, aprender a parar y saber pedir ayuda cuando se necesita.
APRENDER A PEDIR AYUDA ES UN ACTO PARA AVANZAR
Para unos pedir ayuda es una acción que no requiere del mínimo esfuerzo. No obstante, también es importante reconocer que hay otro grupo de personas que por timidez, por malas experiencias anteriores, miedo a la respuesta, orgullo, confundir la ayuda con debilidad o simplemente porque no sabe cómo pedirlo, requieren de tiempo y estrategias para aprender y comprender que no siempre podemos hacer todas las cosas nosotros mismos y que todos necesitamos ayuda en algún momento.
No saber pedir ayuda genera estrés, muchas veces frustración y otras soledad. También termina por perjudicar nuestro rendimiento y alejarnos de las personas al equivocadamente hacerles creer que queremos resolver nuestras cosas solos y no necesitamos de ellos.
Lo cierto, es que a todos nos gusta sentir que las mochilas de la vida que cargamos a nuestra espalda en algunos instantes necesitan estar livianas, nos gusta percibir un instante de tranquilidad, que enfrente haya alguien esperándonos con un café, un abrazo o un hombro y es natural que esto ocurra porque la vida también se trata de compartir además de las cosas buenas, los momentos de vulnerabilidad.
Pedir ayuda no quiere decir que siempre vayamos a recibir una respuesta positiva o que esta ocurra exactamente como nosotros creemos que deba darse. Es un proceso que requiere una comunicación continua y en la que tengamos la oportunidad de decir que ocurre en nosotros, es necesario que haya un espacio para explicar el qué y el cómo debemos ser ayudados. Merece la pena recordar que nuestro entorno necesita muchas veces de exactitud para entender lo que pasa y cómo puede ayudar.
Las personas por lo general, estamos muy receptivas a la hora de ayudar a otros, pero también es cierto, que las formas son importantes ya que dependiendo de cómo se haga, aumentará o disminuirá la posibilidad de recibir la respuesta que necesitamos escuchar.
Encontrar un momento y un espacio adecuado para hablar, nos dará ese margen para transmitir, escuchar y comprender. El lenguaje es clave para entender y ser receptivo al mensaje. Hablar desde la honestidad, con el corazón y tratar de invitar al otro con un lenguaje constructivo ayuda a la comprensión y a su compromiso. No es lo mismo un “me tienes que ayudar” “debes ayudarme” a un “me gustaría contar con tu ayuda” o un “¿puedes ayudarme por favor?”.
Otro punto importante de nombrar, es la generosidad del que recibe. No se trata de acostumbrarse solo a pedir ayuda, sino también ofrecer ayuda mientras se recibe. La capacidad de dar y recibir no solo nos permite avanzar en nuestras dificultades, también nos da la oportunidad de adentrarnos a significados importantes como son el agradecimiento y la humildad.
UN GRAN ADELANTO ES APRENDER A PARAR
A veces parece que no apreciamos lo suficiente el concepto de la pausa y la lentitud, quizá para muchos de nosotros siga siendo una asociación a la creencia de debilidad o improductividad. A otros, les puede dar la sensación de que al parar se pueden perder cosas importantes en el camino mientras que estar en continuo movimiento, es la mejor manera de avanzar, estar activos y llegar a todo. En cierta forma, se vive entre un “no te detengas”, “no te quedes atrás” o un “de prisa y sin pausa”.
Lo que no podemos negar es que hay momentos concretos en los que necesitamos parar, desconectar, descansar y quizá aquí, es donde muchos podemos confundirnos porque aunque el concepto de descanso esta asociado a un estado de reposo o de falta de movimiento, también puede referirse a interrumpir lo que se está haciendo para realizar algo diferente.
Y si lo que sentimos es que muchas cosas dependen de nosotros, que irremediablemente debemos asumir muchas responsabilidades cada día, ante esta presión también podríamos parar con otras acciones como son aprender a delegar, postergar o si es el caso, dejar de hacer alguna de esas actividades.
Es significativo recordar que el cuerpo avisa cuando se aproxima a un punto de ruptura, en el que ya no podemos más y aunque algunas veces creemos que podemos controlarlo, lo cierto es que ya nos está avisando que algo no va bien y nuestra tarea consiste en prestar atención y detenernos a entenderlo y más si sabemos que después de desacelerar y descansar, se nos hace más fácil emprender el camino hacia dónde queremos llegar y disfrutar en el proceso hasta conseguirlo.
RECONOCER LAS LIMITACIONES ES UN ACTO DE HUMILDAD
Que importante es entender que todos tenemos derecho a equivocarnos, fallar, asustarnos y confundirnos, somos humanos y esto implica que no somos perfectos. Sin embargo, enfrente de estas emociones hay dos caminos a elegir: uno es lamentarnos, conformarnos, huir, renunciar, culpar o frustrarnos, y el otro, es aceptarlo e intentar superarlo poniendo en este proceso nuestras capacidades, habilidades y actitudes.
El ejercicio está en que junto a estas virtudes, también podría darse un reconocimiento a eso que nos afecta, nuestras limitaciones y a ellas, tratar de ponerles nombre para así conseguir integrarlas en nuestro espacio de lo bueno, lo no bueno y lo que hay que mejorar de nosotros mismos. Unir este conjunto de virtudes y de limitaciones, nos permitan hacer, ser y fortalecer los vínculos con nuestro entorno y a su vez, entender con más claridad hacia dónde ir y cómo podemos llegar siempre acompañados.
Las tres importantes virtudes que Kelly Catlin compartió y la carta escrita por sus padres después de su muerte, nos ha recordado que nuestro crecimiento personal requiere de un aprendizaje continuo y en ese proceso, cabe la vulnerabilidad pero no como un elemento débil, sino como un elemento fortalecedor y una humilde manera de aceptar que nos podemos equivocar, necesitamos aprender a parar y nos tenemos que permitir contar con otras personas para cumplir nuestras responsabilidades y alcanzar de la mejor manera posible nuestros sueños y metas.
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Mercedes Sánchez
Community Manager &
Coach Individual y de Equipos
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